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Algunas reflexiones sobre el tema del destino en la poesía de Borges dedicada al I Ching
(cuarta parte)




Autor: Ing. Raśl Jurovietzky


          

          Introducción

          Continuamos en el comienzo de esta cuarta parte con la contestación a las inquietudes de Carlos que presentamos en la tercera parte del presente artículo.

Raúl- Tu reflexión final en el último mail fue:

          “No me imagino como será esta cosa cuando se recibe un fuerte golpe en el cráneo y se dice entonces “que la persona está inconsciente o bien, que ha perdido la consciencia”.

                    Entre otras afirmaciones coincidentes veamos lo que nos dice al respecto C.G.Jung  (en el año 1952):

          “Creo conveniente examinar más de cerca, y desde este punto de vista, ciertas experiencias que parecen señalar la existencia de procesos psíquicos en estados que comúnmente se consideran inconscientes. En primer término, me refiero a notables observaciones hechas durante síncopes profundos resultantes de traumatismos cerebrales agudos. Contra todo lo que cabía esperar, una grave lesión de la cabeza no es en todos los casos seguida por una correspondiente pérdida de consciencia. Al observador, el herido le parece apático, paralizado, "en trance" e inconsciente. Sin embargo, subjetivamente la consciencia no está en modo alguno extinguida. Es cierto que la comunicación sensorial con el mundo externo se halla limitada en gran medida, pero no siempre falta por completo: el ruido de la batalla, por ejemplo, puede repentinamente ser reemplazado por un silencio ‑solemne". En ese estado, hay a veces una muy marcada e impresionante sensación o alucinación de levitación: el herido cree levantarse por el aire hasta la misma posición en que se ocupaba en el momento de ser herido. El que fue herido estando de pie, se para, el que estaba sentado, se sienta, el que estaba acostado, se acuesta. En ocasiones, su contorno parece elevarse junto con él, por ejemplo, la casamata dentro de la cual se halla en ese momento. La altura de la levitación oscila entre cincuenta centímetros y varios metros. Toda sensación de peso desaparece. En algunos pocos casos los heridos creen ejecutar movimientos natatorios con los brazos. Cuando hay alguna percepción del contorno, parece ser sobre todo imaginaria, es decir, compuesta por imágenes mnémicas. La disposición de ánimo durante la levitación es preponderantemente eufórica. Los términos empleados para caracterizarla son: “alegre, solemne, hermosa, beatífica, feliz, optimista, excitante”. Trátase de algo así como de una especie de "vivencia de ascensión al cielo". Jantz y Beringer señalan correctamente, y destacan, que el herido puede salir del síncope por acción de estímulos sumamente leves, por ejemplo, si se le llama por su nombre o se le toca, mientras que el estrépito del más violento bombardeo no surte efecto alguno sobre él.

          Algo similar puede observarse en desmayos profundos que obedecen a otras causas. Citaré un ejemplo de mi propia experiencia clínica: una paciente, en quien tengo confianza y cuya veracidad no cuestiono, me relató que su primer parto fue muy difícil. Los dolores se habían prolongado durante treinta horas, sin resultado alguno. El médico consideró entonces acertado recurrir a la aplicación del fórceps. La intervención se llevó a cabo con anestesia superficial. La paciente sufrió una extensa dilaceración del perineo y gran pérdida de sangre. Cuando se hubieron retirado el médico, la madre y el esposo, al querer salir la enfermera por unos momentos para comer, desde la puerta le preguntó a la paciente: “¿Desea usted alguna cosa más antes de que me vaya yo a cenar?” La paciente quiso contestar, pero no pudo hacerlo. Tuvo una sensación como si atravesando la cama cayese en un vacío sin fondo. Observó todavía como la enfermera acudió presurosa a la cama para tomarle el pulso, y del modo como movía los dedos de un lado para otro dedujo que su pulso se había tomado imperceptible. Pero como ella, por su parte, se sentía muy bien, le resultaba divertido el sobresalto de la enfermera. No estaba asustada en lo más mínimo. Fue eso lo último que pudo recordar durante un lapso indefinido. Lo primero que luego apareció en su consciencia, fue que sin tener sensación alguna de su cuerpo ni de la posición del mismo, estaba mirando hacia abajo desde un punto situado en el cielorraso, desde donde percibía todo cuanto sucedía debajo de ella en la habitación: se vio a sí misma acostada en la cama, mortalmente pálida y con los ojos cerrados. A su lado se hallaba la enfermera. El médico, sobresaltado, cruzaba la pieza de un lado para otro, pareciéndole que había perdido la cabeza y no sabía qué hacer. Su madre y su marido entraron en la habitación mirándola asustados. Se dijo a sí misma cuán tonto era que la creyeran moribunda, pues tenía la certeza de que pronto volvería en sí. Al mismo tiempo sabía que detrás de ella había un paisaje magnífico, un parque que brillaba con los más vivos colores, en el cual se destacaba en particular un prado cubierto con césped color esmeralda, que se extendía sobre una falda y que conducía hasta una verja por donde se entraba al parque. Era primavera, y florecitas multicolores que nunca había visto antes, crecían entre el césped. El paisaje brillaba bajo los rayos del sol y todos los colores reflejaban un resplandor indescriptible. Árboles de color verde oscuro flanqueaban la falda de césped. El prado le producía la impresión de un claro en medio de una selva virgen donde hasta entonces no había posado su pie hombre alguno. "Sabía yo que era la entrada a otro mundo y que si me daba vuelta para contemplar el cuadro de frente, me sentiría tentada a penetrar por la verja y así salir de la vida." Ella no había visto realmente ese paisaje, dado que le daba las espaldas, pero sabía que estaba ahí. Sentía que nada le impediría penetrar en él. Sólo sabía que retornaría a su cuerpo y que no moriría. Por ello el sobresalto del médico y la preocupación de sus familiares le parecían tontos y fuera de lugar.

          Lo primero que le sucedió después fue que al recobrarse de su desmayo se vio en la cama y a la enfermera inclinada sobre ella. Se le dijo entonces que durante más o menos media hora había estado sin conocimiento. Al día siguiente, unas quince horas, después, le hizo a la enfermera algunas observaciones críticas sobre el comportamiento del médico durante su desmayo, tildándolo de incompetente e “histérico”. La enfermera rechazó la crítica en términos enérgicos, convencida de que la paciente había estado completamente inconsciente y no había podido, por lo tanto, haber presenciado la escena. Sólo cuando ésa le describió con todos los detalles los sucesos que se habían desarrollado durante su desmayo, tuvo que admitir que había percibido los acontecimientos tal cual habían ocurrido realmente.

          En este caso tiene cabida la conjetura de que se trataba de un estado psicógeno de semilucidez durante el cual seguía funcionando una parte escindida de la consciencia. Sin embargo, la paciente nunca había sido histérica y, según lo indicaban todos los síntomas, evidentemente alarmantes, había sufrido un genuino colapso cardíaco seguido por un síncope debido a anemia cerebral. Estaba realmente desmayada, y hubiera debido estar psíquicamente del todo apagada y de ningún modo capaz de una clara observación o de un juicio correcto. Lo notable es que no se trató de una percepción de la situación mediante una observación indirecta o inconsciente, sino que vio todo desde arriba, según sus palabras, como si "sus ojos hubiesen estado situados en el cielorraso".

          Por cierto que no es fácil explicar cómo durante un estado de colapso grave pueden ocurrir procesos psíquicos de tan singular intensidad, y ser luego recordados, y cómo la paciente pudo ver tantos detalles concretos con los ojos cerrados. Por el contrario, todo hace suponer que una anemia cerebral tan pronunciada hubiera dificultado notablemente o impedido la producción de procesos psíquicos complejos.

          Sir Auckland Geddes presentó un caso muy similar ante la Royal Medical Society (27 de febrero de 1927), pero en éste la percepción extrasensorial fue mucho más allá. Durante un estado de colapso, un paciente observó que una consciencia integral se escindía de su consciencia corpórea, disolviéndose esta última paulatinamente en sus componentes (orgánicos). La otra conciencia tuvo experiencias de ESP que fue dable verificar.

          Esas experiencias parecen demostrar que, en estados de desvanecimiento, en cuyo decurso todos los indicios al alcance de la ciencia humana parecen garantizar que la actividad consciente y la percepción sensorial han quedado suspendidas, pueden subsistir en la consciencia actos judicativos, ideas susceptibles de ser reproducidas y percepciones. La sensación de levitación, la alteración del ángulo de visión, así como la extinción del sentido auditivo y de las percepciones cinestéticas que acompañan esos estados, sugieren un desplazamiento en la localización de la consciencia, una especie de separación respecto del cuerpo o de la corteza cerebral o cerebro, sede, según se supone, de los fenómenos conscientes. Si nuestra suposición es correcta, debemos entonces preguntarnos si, fuera del cerebro, hay en nosotros algún otro sustrato nervioso que puede pensar y percibir, o si los procesos psíquicos que subsisten durante la pérdida de consciencia son fenómenos sincronísticos, es decir, acontecimientos que carecen de toda conexión causal con los procesos orgánicos. Esa última posibilidad no puede rechazarse sin examen, en vista de la existencia de la ESP, o sea, de percepciones independientes del tiempo y del espacio, que no pueden explicarse como procesos que se dan en sustratos biológicos. Donde las percepciones sensibles son de por sí imposibles, no puede tratarse de otra cosa que de sincronicidad. Pero donde hay condiciones espaciales y temporales que en principio posibilitarían la percepción y la apercepción, y sólo está suspendida la actividad consciente, o la función cortical, y donde, tal cual ocurre en nuestro ejemplo, tiene sin embargo lugar un fenómeno consciente como una percepción o un juicio, allí cabe pensar en un sustrato nervioso. Ciertamente, es poco menos que axiomático que los procesos conscientes se hallan ligados al cerebro, y que todos los centros inferiores no contienen sino cadenas de reflejos que en sí mismos son inconscientes. Tal axioma vale sobre todo en relación con el sistema simpático. De ahí que los insectos, que carecen por completo de un sistema nervioso cerebroespinal y sólo tienen una doble cuerda de ganglios, sean considerados como autómatas reflejos.

          Esa última opinión ha sido hasta cierto punto rebatida por las investigaciones que recientemente K. von Frisch, en Graz, realizó sobre las abejas. Parece ser que estos insectos, mediante un bailoteo peculiar, no sólo comunican a sus compañeros de colmena que han encontrado una fuente de alimento, sino también la dirección y distancia de la misma, capacitando así a los novatos para orientar su vuelo directamente a aquélla. Tal tipo de mensaje no puede distinguirse, en principio, de una información transmitida entre hombres. En el último caso ciertamente consideraríamos esa conducta como un acto consciente e intencionado, y apenas cabe imaginar cómo, por ejemplo, un acusado o su defensor podría probar ante un tribunal que se hubiese ejecutado de manera inconsciente. En última instancia podríamos admitir, en base a experiencias psiquiátricas, que una información objetiva puede en casos excepcionales ser comunicada en un estado semiconsciente, pero negaríamos expresamente que las comunicaciones de esa índole sean normalmente inconscientes. Sin embargo, cabe la posibilidad de suponer que ese proceso sea inconsciente entre las abejas. Pero ello en nada ayuda a resolver el problema, pues siempre estamos frente al hecho de que el sistema ganglionar aparentemente realiza los mismos actos que nuestra corteza cerebral. Ni tampoco hay prueba alguna de que las abejas sean inconscientes.

          Nos vemos así llevados a la conclusión de que un sustrato nervioso, como el sistema simpático, que por su origen y función difiere por completo del sistema cerebroespinal, puede producir al igual que éste pensamientos y percepciones. ¿Qué debemos pensar entonces del simpático de los vertebrados? ¿Puede también producir o transmitir procesos específicamente psíquicos? Las observaciones de von Frisch demuestran la existencia de un pensar y percibir transcerebrales. Hay que tener presente esa, posibilidad si se quiere explicar la existencia de alguna forma de consciencia durante un desmayo inconsciente. Pues el simpático no se paraliza durante el desmayo, y por lo tanto, cabe considerarlo como posible vehículo de funciones psíquicas. Si tal fuera el caso, habría también que preguntarse si el estado normal de inconsciencia durante el dormir, y los sueños potencialmente conscientes que contiene, no deberían ser considerados a la misma luz. En otras palabras, si los sueños, en lugar de ser producidos por la actividad de la corteza cerebral durmiente, no procederían más bien del no durmiente sistema simpático, y serían, por lo tanto, de una naturaleza transcerebral.”

          Bueno Carlos, sin más por ahora, quedo a la espera de tu nuevo mail y te saludo con afecto.
          Raúl

Carlos: Estimado y recordado amigo mío (perdona la confianzudés, pero esos son mis sentimientos); he recibido con bastante alegría tu mail, que solamente llegó a mis manos recién este día 13 del pte, es por eso que recién te lo estoy contestando además, no me había puesto en comunicación antes, porque no me atrevía a salirme de la línea  que según mi parecer te gusta seguir a ti, y con bastante disciplina, de los temas que se relacionan con el I Ching y que supongo también a los demás pero, con éste, tu último mail quedé más incentivado para contestarte y franquearme contigo con el cambio de rumbos que quiero tomar en mi compenetración del Libro pero ahora relacionado con mis propias vicisitudes que aún no me han permitido dejarme satisfecho. Antes tengo que decirte que he estado estudiando con ahínco toda esa materia que me entregaste a principios de este año relacionada con la Consciencia, el Inconsciente personal y el Colectivo, los arquetipos, los Complejos  -esos que lo agarran a uno restándole energías a nuestro Consciente- varios, el asunto de Espíritu y Materia, esta última bajo el aspecto de Masa y Energía dónde se involucra de alguna forma a la velocidad de la luz que es igual a 300.000 kms.x seg. y, todavía, al cuadrado, conforme a la fórmula de Einstein. También encontré muy interesante todo ese asunto relacionado con las “máscaras” que nos obliga usar la vida dependiendo de cada circunstancia al igual que si fuésemos “un camaleón”, etc., etc. Todas estas cosas tan importantes e interesantes y educativas, las he aprehendido con inusitado interés, como antes te lo expresé.
          Raúl, este resumen que te estoy entregando lo hago con la intención de demostrarte lo mucho que aprecio tus enseñanzas hacia mi persona y que no has perdido tu tiempo, y también para demostrarte el respeto que te tengo, que es el que se le otorga al maestro.
          Raúl, ahora voy a aclararte esa expresión mía  de más arriba, “...porque no me atrevía a contradecirte en cierta forma...”, y que se trata de lo siguiente, sin dejar de apreciar todo lo que me has enseñado con lo cual he fortalecido mis  bases para entender mejor el I Ching y otros valores respecto a todo esto. Deseo darle un golpe de timón a mi barca personal y darte a conocer de frentón a que puertos quiero arribar. Para serte más claro te voy a indicar punto por punto mi itinerario, y si te fuese posible, me contestaras de esa misma manera sin saltarse dicho orden y dándome tu opinión y/o aclarándome las cosas de tal manera que no me queden en la nebulosa y ojalá, con algunos ejemplos. A raíz de esto mismo, te cuento sobre un artículo que leí este fin de semana en un diario de la capital y que me llamó de inmediato la atención y que dice: “La filosofía es más un género literario que una disciplina, que permite que sus cultores accedan a una realidad que quedaría lejos del alcance del resto de las gentes”. Me dije, ¿será por esto que no entendí a cabalidad lo que quiere decir Borges en su poema al I Ching? También me pregunté si al editor o a quien le correspondiera faltó en algún grado a la ética al publicar el poema sin advertirle al interesado por medio de alguna nota introductora que para relacionarlo con el Libro solamente se puede hacer con una buena dosis - y de las mejores - de filosofía para así no hacerle daño al Libro al percatarse, un lector común y silvestre de la tremenda contradicción o paradoja que se produce entre ambos. (El Porvenir es tan irrevocable como el rígido Ayer...futuro y pasado, así de simple para el profano incauto). ¿Qué opinas tú de esta aseveración mía, o estoy muy equivocado?
          Raúl, yo te voy a exponer montones de cosas, según las entiendo, muchas consultas implícitas o explícitas, reflexiones y pensamientos propios, bastante materia relacionado con el destino de las personas y por qué no decirlo, de la humanidad y mejor aún, de todos los seres vivos, animal y vegetal. Para mejor claridad, en mis exposiciones te voy a dar ejemplos (y espero igual cosa de ti). Todo relacionado con el I Ching y la vida misma, que es lo que le compete a éste maravilloso Libro.
          Ya te has podido dar cuenta los motivos por los cuales no me atrevía a escribirte. Lo mío es un material bastante pesado, lo sé, y a lo mejor tú, pese a tus buenas intenciones y voluntad, a lo mejor no vas a tener tiempo para esta tarea que te estoy dando. Dímelo y lo entenderé y no por eso voy a dejar de considerarte mi mejor amigo y maestro ya que uno no conoce las limitaciones de tiempo del otro. (Conócete a ti mismo y conocerás a los demás...)
          Finalmente quiero decirte que desde que leí en tu mail referente al “Hacedor de Lluvia, chino” y de lo cual fue testigo presencial el mismísimo R: Wilhelm, creo en los milagros (parecidos a los de Jesucristo)
Además te transcribo estos versos de Calderón de la Barca, que mueven a reflexiones muy profundas:

          ¿Qué es la vida?. Un frenesí. ¿Qué es la vida?  Una ilusión.   Una sombra, una ficción
          Y el mayor bien es pequeño, que la vida es un sueño y los sueños, sueños son.

          Bueno, Raúl; espero tu contestación a este requerimiento mío con mucho interés ya que dependiendo de tu respuesta decidiré si zarpo o me quedo anclado en mi puerto esperando que la marea me lleve hacia algún lugar ignoto.
          Recibe de mí un fuerte y cariñoso abrazo y mis mejores deseos de bienestar para ti y los tuyos.
          Para el Grupo I, lo mismo.   Chao.
          Carlos                                                                                                               
              

Raúl- Estimado amigo Carlos

          Un poco retrasado contesto tu mail del 16/07
          El 14/09, habíamos comenzado a tratar la primer temática presentada en la poesía de Borges, la que hacía referencia a:

"El porvenir es tan irrevocable
Como el rígido ayer. No hay una cosa
Que no sea una letra silenciosa
De la eterna escritura indescifrable
Cuyo libro es el tiempo"

          Luego hubo una serie de temas intercalados, pero necesarios para la marcha de nuestra investigación y que iban surgiendo a partir de tus propias expresiones aunque estas lo pidiesen en forma implícita.
          Ahora respecto a lo que mencionás como requerimientos tuyos a realizar, en los que expondrías "montones" de cosas, "muchas consultas implícitas o explícitas, reflexiones y pensamientos propios, bastante materia relacionada con el destino de las personas y por qué no decirlo, de la humanidad y mejor aún, de todos los seres vivos, animal y vegetal", con ejemplos, "todo relacionado con el I Ching y la vida misma", considero que puedes empezar con tus exposiciones y consultas, que serían como intercalaciones en el hilo investigativo que hemos comenzado a partir del año pasado, y que trataré de contestar en la medida que estén dentro de mis conocimientos y posibilidades.
          Ello no impide que prosigamos con la línea principal ya comenzada (Las aparentes contradicciones de la poesía de Borges con el I Ching). Por lo que me trasmitís respecto al poema y al tema del destino, entiendo que deberíamos retomar por la temática N° 2 a la que se hacía referencia en el mail (antes mencionado).
          Entiendo que ya zarpamos desde el año pasado y que simplemente debemos continuar la navegación (con todas las intercalaciones que vayan surgiendo y que serán necesarias).
          No se puede dejar de navegar, porque esta navegación implica la ampliación de la consciencia, tarea fundamental para la que somos convocados a esta vida. Quedarse anclados en el puerto "esperando que la marea nos conduzca a un lugar ignoto", es entregarnos a lo inconsciente (de lo cual provenimos y es nuestro soporte y matriz), sin realizar el esfuerzo consciente para comprender el sentido de este viaje maravilloso, y muchas veces tan duro, en el que estamos comprometidos, el resultado de ello es "ser conducidos por completo", ser "destinados" en grado total. Como decía el gran poeta Hebbel:

"                                    Quizá tienes
ahora mismo el destino en tus manos
y puedes modificarlo según tu deseo.
Para cada hombre llega el momento
en que quien sea que guíe su estrella
pasa las riendas a sus propias manos"

          No podemos dejar de tomarlas y participar en la conducción. Ello no tiene un término temporal, podemos participar activamente (en consciencia) en ese viaje (aunque no lo comprendamos por completo) hasta el último día de nuestra vida terrenal.

          Por todo lo anterior entiendo haber contestado positivamente a tu requerimiento y al mismo tiempo te adjunto con el presente una primera incursión en la temática N° 2:

"                                  Quien se aleja
De su casa ya ha vuelto. Nuestra vida
Es la senda futura y recorrida"

          Un abrazo y deseos de felicidad para ti y los tuyos.
Raúl

Temática N° 2 en el poema de Borges – Primera incursión

“                               Quien se aleja
De su casa ya ha vuelto. Nuestra vida
Es la senda futura y recorrida.”

          Si recordás lo mencionado en el mail mío del 27/09 (Análisis del primer dilema) respecto a los dos conceptos de tiempo que despliega Borges, acá tenemos una continuación en la que a lo anterior se agrega la doble visión ya no sólo temporal sino también espacial.

                            Alejarse es volver ------------------- espacial

                            Senda futura y recorrida ------------temporal

          En esta doble metáfora hay un elemento común.
          ¿Cuál es éste?

                   La circularidad

          Este es el concepto primitivo experienciado por la humanidad respecto a lo temporal: el aspecto cíclico de lo temporal. Está enraizado profundamente en la mente de los hombres desde hace muchos milenios y es una adquisición de las culturas agrarias con el eterno repetirse de las estaciones y el sucederse del día y la noche. Ha sido – y es – la base de sustento de la mayoría de las religiones y también del pensamiento involucrado en el I Ching con el eterno movimiento entre Yin y Yang. Por eso en la serie de los 64 hexagramas el “cierre” está dado por el hexagrama 64 que no es el del equilibrio (éste sería el 63), sino el de una nueva apertura de búsqueda equilibradora.
          La fuerte impronta de este concepto cíclico de lo temporal ha constituido la simbólica del tiempo como imagen del arquetipo de la Gran Madre.
          Este aspecto de lo temporal proporcionó la base del tema mítico del “Eterno Retorno”. Nise Da Silveira discípula brasileña del gran psiquiatra y psicólogo suizo Carlos G. Jung dice al respecto:

          “Veamos un ejemplo: el tema mítico del eterno retorno. Vamos a encontrarlo profundamente enraizado en las convicciones ingenuas de las sociedades primitivas, seguras de que ocurrirá una vuelta a los tiempos de los orígenes, era de abundancia y felicidad. Vestida con ropajes magníficos esta misma idea está incorporada en la cosmogonía hindú, con sus cuatro Yugas (períodos) que se desdoblan lenta e incesantemente en ciclos perennes marcados en sus movimientos de expansión y de declinación por acontecimientos mitológicos siempre idénticos. Resurge la idea con los filósofos griegos pre-socráticos Anaximandro y Pitágoras. Platón estaba convencido de que las artes y la filosofía innúmeras veces ya se habían desarrollado hasta alcanzar su apogeo para declinar y extinguirse a la espera del reconocimiento del nuevo ciclo.”

          A lo indicado agregaríamos, entre los hitos culturales importantes del concepto, a la visión cíclica expresada en “Trabajos y Días” de Hesíodo (aproximadamente 750 a.n.e.), con su mito de las cinco edades: Edad de Oro, Plata, Bronce, Héroes, Hierro, luego de la cual volvería la Edad de Oro. También el concepto de la dialéctica Heracliteana – Enantiodromía – dialéctica diádica, bipolar, con sólo tesis y antítesis, como polos opuestos entre los que incesantemente se verifica el movimiento.
          La autora citada agrega a lo ya trascripto:

          “El tema del eterno retorno reaparece en la interpretación de la historia según Vico (siglo XVIII): la historia de todas las naciones sigue un curso que repite siempre tres fases – la edad divina, la edad heroica, y la edad humana. Se siguen inevitables crisis que conducen a cada nación a ruinas de las cuales reaparece necesariamente un nuevo ciclo de las tres edades.”

          Este eterno retorno que es tomado colectivamente, adquiere un terrible significado cuando es transportado a lo individual.
          Como dice Da Silveira:

          “En Nietzsche la visión del eterno retorno, se presentó en forma terrible. Él la transportó a la existencia individual. Todas las percepciones, sentimientos, pensamientos, gestos de su propia vida estarían inexorablemente condenados a repetirse sin fin.

“Qué sucedería – escribió – si un demonio te dijese un día: esta vida, tal como la vives actualmente será necesaria que la repitas todavía una vez, y una cantidad innumerable de veces.
Es preciso que cada dolor y cada alegría, cada pensamiento y cada suspiro vuelvan a ti, y todo eso en la misma secuencia y en el mismo orden y también esa araña y ese rayo de luna entre los árboles, y también este instante y yo mismo...”   ”

          El tema es desarrollado por Sartre en su obra “A puertas cerradas” como descripción de las torturas del infierno. Éste sería una sucesión de repeticiones eternas de esa misma imposibilidad de relacionamiento adecuado entre los hombres.
          La concepción de la historia de Toynbee marca idéntico tema.
Da Silveira cuenta como se manifiesta en los delirios de un esquizofrénico el tema del eterno retorno:

“La idea del eterno retorno se apoderó del esquizofrénico Julio, paciente de un hospital psiquiátrico de Río de Janeiro. Él se imagina prisionero de una cadena de hechos y de pensamientos que se reproducen y se suceden sin tregua, regidos por lo que él llama “movimiento de repetición”. Nietzsche, a pesar del horror que la visión del eterno retorno le infundió, encontró en su genio la fuerza para elaborarla intelectualmente, en tanto Julio quedó poseído por la misma idea, completamente desprovisto de la posibilidad de trabajarla con el pensamiento consciente”.

          Vemos como llega hasta nuestros días la visión cíclica que desde épocas remotas fue predominante.
          La adquisición del concepto progresivo de “flecha temporal” es muy posterior. Y la complementación de ambos aspectos es casi diríamos actual y ha quedado marcada por el paso de Heráclito a Hegel, de la dialéctica diádica a la dialéctica triádica, de la enantiodromía a la superación por síntesis de los opuestos, de la tesis y la antítesis.

          En la realidad tenemos un doble movimiento, uno circular y otro progresivo, de avance. El resultado es que el despliegue temporal es como el de una hélice desplegada sobre un cilindro imaginario.

          En el esquema los puntos 1, 2, y 3 se corresponderían exactamente si se tuviera la existencia exclusiva de una circularidad, pero en la realidad esa correspondencia, que marca el paso de las eras, representa un salto cualitativo, aunque puedan encontrarse similares elementos estructurales entre las diversas épocas representadas por esos puntos.
          Siempre aparece lo nuevo, siempre cada síntesis es superadora de la antigua antinomia que empezará a desplegarse en la época en desarrollo.
          Todo lo visto corresponde a consideraciones generales en progreso sobre amplios períodos de tiempo con relación a la vida de un ser humano.
          Por ejemplo, el paso de 1 a 2 en el esquema podría señalar el transcurso de un mes platónico, un eón temporal superior a los dos mil años (el año platónico corresponde a unos 25900 años terrestres).
          Pero ahora ubiquémonos en la vida cotidiana de las comunidades primitivas, con su experiencia habitual de lo cíclico, del día y la noche, de las estaciones, del crecimiento y el decrecimiento, de los ritmos lunares en la naturaleza y en la mujer, y nos acercaremos más a la comprensión de la conexión simbólica entre el tiempo y el arquetipo de la Gran Madre.
          Como nos dice Erich Neumann un brillante psicólogo israelí discípulo de Jung:

“Después de todo lo expresado no resulta difícil ver que el espacio es una de las más importantes proyecciones de lo Femenino como una totalidad; si no hubiera otras indicaciones de esto, ello seguiría de su carácter de vaso contenedor y huevo cósmico. Pero lo Femenino es también la diosa del tiempo, y entonces del destino.
El símbolo en el cual el espacio y el tiempo se conectan arquetipalmente es el firmamento estrellado, el cual desde la era primordial ha sido llenado con proyecciones humanas. Y es indiferente donde – en Egipto, Babilonia, Arabia, India, China y América -, los cielos fueron interpretados como originalmente, de acuerdo a las 28 estaciones primordiales de la luna, o posteriormente como las 12 estaciones del sol (...).
(...) lo esencial es que cada una de estas proyecciones fueron experienciadas como una parte de la vida de la Gran Madre, la cual sostiene y envuelve todas las cosas.
(...) Puesto que ella gobierna el crecimiento, la Gran Madre es la diosa del tiempo. Por eso es que ella es una diosa lunar, porque la luna y el cielo estrellado son las manifestaciones visibles de los procesos temporales en el cosmos, y la luna, no el sol, es el verdadero cronómetro de la era primordial.
A partir de la menstruación, con su relación supuesta a la luna, la pregnancia, y así sucesivamente, la mujer está regulada y es dependiente del tiempo; así que es ella quien determina el tiempo en una extensión mucho mayor que lo masculino, con su tendencia hacia la conquista del tiempo, hacia la atemporalidad y la eternidad. Y esta cualidad temporal de lo Femenino está acoplada con la luna. La cualidad temporal y el elemento de agua están correlacionados con lo Femenino, y esta conexión queda explicitada en el símbolo “flujo del tiempo”.

          En resumen, las metáforas de Borges en la temática N° 2 expresan un aspecto de lo temporal, aspecto arquetipal de abrazo, de circularidad. El otro aspecto de lo temporal, el progresivo, de avance, también será expresado, pero en otra de las temáticas en las que hemos separado su poema, así que la veremos en su oportunidad. De alguna forma las metáforas de la temática N° 2 – como podemos ver en el análisis de Neumann –  “... lo Femenino es también la diosa del tiempo, y entonces del destino” nos muestran una interrelación con lo expresado respecto a la temática N° 1.

(Continuará)

Raśl Jurovietzky
Ingeniero
E-Mail: rauljuro@saiching.org

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Hexagrama N° 16 Yü / El entusiasmo,
"Un Enfoque Psicológico Transpersonal"
Por la Licenciada Yolanda Ohanna
Cómo enfrentar el problema de una respuesta del I Ching con muchas líneas móviles
(4º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Elementos de Álgebra Booleana aplicables a las estructuras del I Ching
(1º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Elementos de Álgebra Booleana aplicables a las estructuras del I Ching
(2º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Hexagrama N° 27, I "La Boca, La Alimentación"
Por la Licenciada Yolanda Ohanna
Reflexiones sobre el Tiempo y el I Ching
Por la Docente Rosa Shapira
Hexagrama N° 48, Ching "El Pozo de Agua"
Por la Licenciada Yolanda Ohanna
Hexagrama N° 50, Ting "El Caldero"
Por la Licenciada Yolanda Ohanna
Polaridades, Anillos y Territorios en el I Ching
(parte 2 de 3)
Por el Licenciado Miguel Weil
Elementos de Álgebra Booleana aplicables a las estructuras del I Ching
(3º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Hexagrama N° 49, Ko "La Revolución"
Por la Licenciada Yolanda Ohanna
Elementos de Álgebra Booleana aplicables a las estructuras del I Ching
(4º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Elementos de Álgebra Booleana aplicables a las estructuras del I Ching
(5º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Algunasreflexiones sobre el tema del destino en la poesía de Borges dedicada al IChing
(1º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Hexagrama N· 63, Chi Chi, “La Conclusión”
Por la Licenciada Yolanda Ohanna
Hexagrama N· 64, Wei Chi, “Inconcluso”
Por la Licenciada Yolanda Ohanna
Algunas reflexiones sobre el Hexagrama 43 (El Desbordamiento, La Resolución)
Por la Docente Rosa Shapira
Algunasreflexiones sobre el tema del destino en la poesía de Borges dedicada al IChing
(2º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Hexagrama Nº 1, Ch’ien, El Cielo,  “Lo Creativo”
Por la Licenciada Yolanda Ohanna
Más allá del oráculo
(o conversando con el I Ching)
Por Nené Montero
Yi Jing y el Budismo en elJapón de la Era Tokugawa
Por Luis E. Andrade
Elementos de Álgebra Booleana aplicables a las estructuras del I Ching
(6º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Algunasreflexiones sobre el hexagrama 5
(la espera, la alimentación)
Por la Docente Rosa Shapira
Algunasreflexiones sobre el tema del destino en la poesía de Borges dedicada al IChing
(3º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Algunasreflexiones sobre el tema del destino en la poesía de Borges dedicada al IChing
(4º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(1º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(2º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(3º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(4º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(5º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(6º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(7º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Noticia Bibliográfica
“Adivinar el Inconsciente”
Por Ezequiel Saad Tobis
Una colaboración desde España
“El I Ching es un grupo finito Abeliano e involutivo”
Por el Licenciado Javier Martínez de la Casa
Aplicación de la teoría de Grupos a la consulta oracular
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(8º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(9º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(10º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(11º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(12º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(13º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
   

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