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Algunas reflexiones sobre el tema del destino en la poesía de Borges dedicada al I Ching
(tercera parte)




Autor: Ing. Raśl Jurovietzky


          

          Introducción
          Completadas en la segunda parte del presente trabajo lo propuesto sobre las reflexiones de Richard Wilhelm respecto a la configuración del destino en China y los conceptos psicológicos Junguianos de Consciencia, Inconsciente Personal, Inconsciente Colectivo y Arquetipos, proseguiremos ahora desarrollando los diálogos entre Carlos y Raúl.

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       Carlos-
     “Tengo el agrado de acusar recibo de tu último mail” (2ª. Parte)
     “Al respecto tengo que decirte que todo lo que en él me expones lo encuentro interesantísimo, aunque me ha hecho sentir bastante anonadado en toda la extensión de la palabra. Tal como lo expresas al final de tu mail: “tómate tu tiempo”, así lo haré, estudiaré con ahinco lo que me expones ahí y después te haré saber sobre las que me hayan surgido a la fecha.
     Raúl, te diré que ya le he dado una repasada general a todo el contenido del material que me entregas para mi conocimiento y estudio, para hacerme una primera idea de su contexto. Hay algo que me ha llamado la atención y es lo siguiente (y que a lo mejor me estoy apresurando en mi apreciación); en ninguna parte de tu mail, y creo que en ningún otro, haces referencia al significado de la palabra “DESTINO” del ser humano y diría yo, aplicable a todo ser viviente que habita este mundo. El diccionario dice al respecto lo siguiente: DESTINO = Hado, divinidad o voluntad divina que regula de una manera fatal los acontecimientos futuros. Encadenamiento de los sucesos considerado como necesario y fatal. Etc.
     A propósito, encontré el otro día en una revista científica un artículo muy interesante que nos habla del DESTINO desde la perspectiva griega y que dice: “No parece haberse encontrado AUN una respuesta definitiva sobre por qué Tántalo cedió a la soberbia, cuando pudo no hacerlo”. Los antiguos griegos – en los que inevitablemente se concluye encontrando precedentes – se detuvieron largamente ante este problema. ¿Su respuesta? El DESTINO.
     Aquél encadenamiento de los sucesos considerado como necesario y fatal (“me pregunto yo, ¿por qué fatal?”), ese algo envolvente e impenetrable, dotado de una energía mayor que la de cualquier materia o espíritu individual. Es una fuerza infinita superior a los hombres y los dioses, una voluntad suprema y omnipotente. El DESTINO es la fuerza ordenadora que REGULA LA EXISTENCIA DE TODO. Etc., Etc.
     El mismo Richard Wilhelm se refiere en lo personal (I Ching, pág. 56), expresando lo siguiente: “…Cuando la traducción, en sus líneas principales, estaba concluida, el DESTINO reclamaba mi regreso a Alemania…”
     Siempre refiriéndome al I Ching, “tema DESTINO”, R.W. dice: “El leño es el DESTINO del fuego…”, pág. 278.
     “El DESTINO no se deja engañar”, pág. 95.
     “Ya que los DESTINOS de los hombres descienden, por así decirlo, del cielo, pág. 389.
     “…Una de las explicaciones pertinentes señala una derrota, en razón de haberse inmiscuido en la conducción alguien que no es el guía PREDESTINADO…”. Pág. 111.
     “…Cuando alguien desarrolla en sí la pureza y el vigor necesario para ser centro de la unión, los hombres que le están PREDESTINADOS llegan por sí mismos…”. Pág. 117
     Y etc., etc., etc.
     Bueno, Raúl, en el intertanto veamos si en algún momento de tus actividades “metafísicas”, puedes emplear algo de él para hacerme llegar tus pensamientos y conocimientos al respecto, cosa que te agradeceré enormemente, para así poder agregar un eslabón más a mi cadena de incógnitas.”
       Carlos-
     “Te estoy contestando tu último mail” (ver 2ª parte) “por orden de acuerdo a su texto y comienzo por el punto 1- CONSCIENCIA y todo ello, por supuesto, de acuerdo a mi entendimiento e incorporo de inmediato las incógnitas que se me van presentando para que tengas la amabilidad de contestarme que tal voy en el camino del despeje de esta materia:
     1-CONSCIENCIA: Me doy cuenta y entiendo que la “consciencia” viene medida en “Niveles” y que se puede asemejar como si fuera una pequeña embarcación en medio de un océano y que éste sería el que representa a los “inconscientes”, el personal y el colectivo. En cuanto al “nivel de la consciencia”, entiendo que debe ser así porque, creo yo, que por ejemplo, la “consciencia” del Papa no puede estar a la misma altura que la de los comunes individuos.
     Ahora me doy cuenta de la importancia del “inconsciente colectivo” y de mi error de interpretación que tenía anteriormente de él, ya que él sería el soporte de todo lo concerniente al “inconsciente personal”. Si es que he entendido bien este asunto.
     Yo, haciendo un pequeño análisis de estas cosas llego a la conclusión que la consciencia del individuo es inmensa y que está constantemente en trabajo y, creo yo, que hasta cuando estamos durmiendo. No descansa nunca mientras estemos con vida. No me imagino como será esta cosa cuando se recibe un fuerte golpe en el cráneo y se dice entonces “que la persona está inconsciente o bien, que ha perdido la consciencia”.
     Raúl, más adelante seguiré con este asunto y te enviaré un nuevo mail para los mismos efectos…En ese, mi próximo mail, te contaré más de lo que he entendido, en extenso sobre “los inconscientes” y sobre mis incógnitas mentales.”
          Raúl-
     “En primer lugar quiero confirmarte que he recibido adecuadamente tus dos mails anteriores.
     En el primero de ellos el centro de tus inquietudes está puesto en el tema del destino, tema que evidentemente es tan importante para ti, que merece el ser escrita la palabra con todas mayúsculas.
     En dicho mail me dices:

     “Hay algo que me ha llamado la atención y es lo siguiente (y que, a lo mejor, me estoy apresurando en mi apreciación); en ninguna parte de tu mail, y creo que en ningún otro, haces referencia al significado de la palabra “DESTINO”…”

     Quería al respecto recordarte que el comienzo del análisis del primer dilema – que tú has planteado en uno de tus mails iniciales – gira en torno a este tema del destino. En el mail mío de respuesta te decía:

     “Mi sugerencia es pues, analizar cada uno de estos temas y sus interrelaciones como comienzo del tema del destino y el libre albedrío y su relación con el I Ching.
     Luego de esta primera parte se abrirán otros caminos amplificatorios de análisis, que serán más claros en ese tiempo futuro y que luego de explorados nos permitirán el ir haciendo síntesis sucesivas.
     Empecemos por el tema 1…”

     Es así que te aconsejo que refrenes tus ansiedades al respecto hasta que lleguemos naturalmente al kairós – momento oportuno – correspondiente.

     Ahora pasemos a tus reflexiones iniciales sobre el tema de la consciencia.
     Primero una reflexión gramatical que te puede ser útil en el futuro.
     Habrás observado que al escribir la palabra lo hacemos con una s siguiendo a la n: consciencia. Hay textos que en lugar de esto escriben: conciencia – con el mismo contexto y ello es correcto sólo desde el punto de vista gramatical puro (Real Academia Española-RAE), pero equivocado desde el punto de vista psicológico. Desde este punto de vista consciencia y conciencia son dos cosas distintas.
     Cuando escribimos consciencia estamos hablando desde el punto de vista psicológico de un nivel de la psique, el nivel de lo consciente. De éste te dije en mi mail anterior:

     “Así el área de lo consciente”- metafóricamente hablando- “es donde se despliegan las relaciones entre los contenidos psíquicos y el complejo del yo”.

     En cambio, cuando el contexto es el de los valores morales es que debemos escribir: conciencia, palabra que en realidad resulta una abreviatura para la designación de conciencia moral, ya que en buena técnica en ello habría una suerte de redundancia.”

     (Al final de esta tercera parte del trabajo agrego para mayor claridad del tema un pequeño artículo que realizara en el año 2002, el cual contiene los principales elementos respecto al párrafo anterior de la correspondencia con Carlos.)

     “Ahora si, pasemos a tus reflexiones:

     En primer lugar es acertado el categorizar diversos niveles de consciencia en los seres humanos. Una meta de nuestra vida es realizar el aprendizaje vivencial que nos habilite a producir una ampliación de consciencia tanto en lo individual como en lo cósmico, esto último con relación a una comprensión de lo universal que sirve de marco a lo individual. A esta comprensión le corresponde el sentido de la palabra alemana: weltanschauung.
     Un ejemplo de consciencia estrecha, de individuos sumergidos casi del todo en el océano de lo inconsciente, está dado por el logión atribuido a Jesús:

     “Vine y los encontré a todos dormidos o borrachos”.

     Otro ejemplo de enangostamiento extremo de los niveles conscientes está dado por el mito de Ícaro:
     Dédalo – el “ingeniero” constructor del Laberinto del Minotauro – había sido encerrado, junto con su hijo Ícaro, en el Laberinto. Fue castigado por el rey Minos, por haber facilitado la unión amorosa de su esposa – Pasifae – con Zeus, rey de los dioses del Olimpo, metamorfoseado en toro.
     Con su inventiva habitual Dédalo utiliza el único material encontrado – la cera – para pegar las alas que había construido para él y su hijo, esto pues la única manera de salir del laberinto de Cnossos – salvo el hilo de Ariadna – era por su parte superior, volando.
     Le advierte a su hijo que no se eleve demasiado puesto que el pegamento de las alas – la cera – era muy frágil, sobre todo respecto al calor.
     Salen volando los dos del laberinto, pero a Ícaro lo toma la embriaguez del poderío del volar, basado en el ingenio construido por su padre – obra del sector consciente de la psique. Así cae en hybris de consciencia (inflación consciente) y desoyendo los consejos dados por Dédalo se eleva cada vez más, queriendo acercarse al sol.      Naturalmente sobreviene el castigo por dicha inflación, la cera se derrite e Ícaro cae al mar ahogándose – referencia al océano de lo inconsciente, desaparición de la consciencia, ingreso en la demencia.
     Este mito corresponde más a nuestra época, en que estamos inmersos en la inflación consciente y por ende se sigue el ingreso en la demencia en forma no sólo individual, sino – y lo muestra ejemplificatoriamente bien el siglo anterior y lo que va de éste – en la demencia colectiva.

     En lo que respecta a tu metáfora sobre la pequeña embarcación, ella es adecuada en cuanto se quiera resaltar la diferencia entre lo consciente y lo inconsciente genérico – nuestro lado oscuro, en el sentido de lo no visible de nuestra personalidad – o sea sin separar las zonas de inconsciente personal e inconsciente colectivo entre sí.
     Cuando uno quiere metaforizar separando los niveles psíquicos de inconsciente personal e inconsciente colectivo, conviene utilizar la otra metáfora, la que en mi mail te presenté como:

     “El nivel de la consciencia se puede metaforizar por una pequeña isla que aparece sobre el inmenso océano de lo inconsciente. Lo inconsciente personal queda representado por la parte de cada isla que permanece bajo el agua. El inconsciente colectivo por el sustrato común a partir del cual se levanta cada isla individual”.

     Cuando queremos dotar de dinámica a esta metáfora le agregaremos algunos rasgos como ser:
     Ampliación de consciencia: elevación y ampliación de la isla respecto al océano de donde proviene.
     Estratos de lo inconsciente colectivo: como determinantes de un canon cultural de valores en curso para una época y grupos determinados de individuos.

     “Dentro de lo inconsciente colectivo hay niveles, actúan estratificaciones sobrepuestas al último nivel correspondiente a toda la especie – y aún más remotamente a través de nuestros ancestros animales – (naciones, etnias, diversos grupos humanos, individuo).
     Estas estratificaciones, producidas en el decurso histórico, determinan constelaciones arquetipales comunes.” (mail anterior).

     Siguiendo con tu referencia a la “consciencia” del Papa, ella me motiva a una reflexión al respecto.
     Evidentemente el concepto que expresás en forma general es adecuado, pues las experiencias del Papa como individuo aislado frente al común así lo indican. Pero cabrían algunas precisiones respecto a lo que expresás como: “la consciencia del Papa no puede estar a la misma altura que la de los comunes individuos”.
     Para ello retomemos algún concepto relacionado con las personificaciones de origen arquetipal (ver mi mail anterior en el acápite correspondiente). En particular la denominada como “Personna”:

     “Conjunto de máscaras exteriores de un individuo que le sirven como función de relación y adaptación con la realidad exterior”.

     Todos portamos máscaras, pues es una función de relación necesaria la Personna. El Juez lleva máscara de Juez, el Médico máscara de Médico, el Ingeniero máscara de Ingeniero, el Papa máscara de Papa. El problema – muy común – es la rigidización de las máscaras, la identificación del yo consciente con las mismas. Esto conduce a impedir que cada uno pueda conocer cual es su verdadero rostro, o sea lleva a un ser inconsciente en muchos aspectos.
     Si este fuera el caso un Papa puede estar a menor “altura” que un hombre común – común por su posición exterior – pero que sepa diferenciarse de sus máscaras y conocer las carnaduras de su propio rostro.

     Otra reflexión me surge a partir de lo que expresas a continuación sobre que “el inconsciente colectivo sería importante por ser el soporte de todo lo concerniente al inconsciente personal”. En realidad el inconsciente colectivo es mucho más que eso. Es cierto que como núcleo de todo complejo existe un arquetipo, que es una de las dominantes de lo inconsciente colectivo, pero los complejos no sólo pertenecen a lo inconsciente personal, no sólo actúan los arquetipos a modo de imán que atrae a productos desplazados del nivel consciente (reprimidos). En el inconsciente personal tenemos los llamados complejos de carga afectiva, pero no debemos olvidar que también a nivel consciente existen complejos – que en mi mail anterior te mencioné como “complejos funcionales” – y que, te decía, son vitales para el adecuado desenvolvimiento psíquico. Así tenemos por un lado el complejo funcional de la “personna” y también, como el más importante, el complejo funcional del ego o “complejo del yo”.
     El núcleo arquetipal que corresponde a este último es el arquetipo central de la psique, el arquetipo Luz, el organizador principal, Dios en el individuo.
     Estos conceptos están indicando que el inconsciente colectivo es importante por ser el soporte de toda la psique, no sólo del inconsciente personal sino también de la consciencia. Es nuestra verdadera matriz creativa el inconsciente colectivo.

     En cuanto a la conclusión que sacas a continuación:

     “la consciencia del individuo es inmensa y que está constantemente en trabajo y, creo yo, que hasta cuando estamos durmiendo. No descansa nunca mientras estemos con vida”.

     Creo que sería más adecuado expresar que “la potencialidad de ampliación de la consciencia es inmensa”, dado que el estado actual de la consciencia en promedio, es increíblemente baja, y si Jesús hace dos mil años pudo decir al respecto: “Vine y los encontré a todos dormidos o borrachos”, hoy día se registra una tremenda “inflación de consciencia”, el yo consciente se atribuye, en general, el papel de centro director de la psique y organizador principal, y ese enceguecimiento ha signado al siglo XX y a lo que parece al comienzo del siglo XXI, con los tremendos holocaustos, conflictos étnicos y expoliaciones económicas en escalas nunca vistas.
     La consciencia actual del individuo es flotante en el mar de lo inconsciente personal y ambos están rodeados por la inmensidad oceánica de lo inconsciente colectivo.
     Es cierto que la consciencia está permanentemente en trabajo, es decir el yo consciente lo está en demasía, de tal modo que no está en condiciones de escuchar los intentos regulatorios, la realimentación negativa proveniente de lo inconsciente colectivo, ya no sólo en el nivel de vigilia – la época de los profetas ya feneció – sino también cuando la consciencia se relaja y se vuelve pasiva dejando aflorar los contenidos inconscientes a través de los sueños. Como decía Erich Fromm: “ese lenguaje olvidado”. En general y como parte de la hybris de consciencia menospreciamos a los productos oníricos que intentan precisamente corregir esa hybris.”
     (Continuará)

Autor: Ing. Raúl Jurovietzky

                       

ACLARACIÓN SOBRE EL USO DE TÉRMINOS

Conciencia - Consciencia

          El tema se considera separando su aspecto gramatical del técnico específico, pero dando cuenta de las interrelaciones dinámicas de los dos aspectos.

1 – Aspecto Gramatical

            1.1 –
Conciente-Consciente/ Inconciente-Inconsciente
En esto no hay ambigüedades. Gramaticalmente no son correctas las palabras: Conciente e Inconciente.
Es obligatorio el uso de Consciente e Inconsciente (con la s)



Fuentes (para lo gramatical):

            - Diccionario de la Real Academia Española – 2001
            - Diccionario de Dudas de la Real Academia Española (RAE)
            - Diccionario VOX de la Lengua Española
            - Diccionario Océano de Sinónimos y Antónimos

            De estas fuentes surge que la palabra “conciencia” es “tratada de mantener” todavía con una amplitud mayor que la palabra “consciencia” o sea que esta es más específica, pero que en particular la RAE se “resiste” a ceder debido al origen único y abarcativo de “conciencia” en la lengua española, creando ambigüedades (ver más adelante).
            Por ejemplo, en el Diccionario de Dudas de la RAE se dice para “conciencia”

conciencia. 1. Los términos conciencia y consciencia no son intercambiables en todas sus acepciones. Así en sentido moral, como ‘capacidad de distinguir entre el bien y el mal’ sólo se usa la forma conciencia: “Mi conciencia fue la más cruel de mis jueces...  ¡nunca me perdonó!” (Olivera “Enfermera” [Méx. 1991]). Con éste sentido forma parte de numerosas locuciones, como tener mala conciencia, remorderle [a alguien] la conciencia, no tener conciencia (‘no tener escrúpulos’), tener cargo de conciencia, etc.
   En el sentido general de ‘percepción, conocimiento’, se usan ambas formas, aunque normalmente se prefiere la grafía más simple: “Tengo conciencia de mis limitaciones” (Ocampo “Cornelia” [Arg. 1988]); “Las religiones han sido socavadas por la conciencia de que son meros mecanismos para la supervivencia” (Aguilera “Hombre” [Esp. 1995])...
2. El adjetivo correspondiente, en todos los casos, es consciente, y su antónimo, inconsciente. No son correctas las formas *conciente ni *inconciente.
... ”

      En el Diccionario de la RAE del año 2001, aparece para “consciencia”:

“Consciencia. (Del latín conscientĭa)

1. f. conciencia.
2. f. Conocimiento inmediato que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones.
3. f. Capacidad de los seres humanos de verse y reconocerse a sí mismos y de juzgar sobre esa visión y reconocimiento.”

      Aquí se aprecia que hay un comienzo de reconocimiento de una especificidad para el término “consciencia” y ello se debería remarcar en la entrada de “conciencia” en la que los ítems 2 y 3 anteriores no deberían estar. No es así, están, generando una ambigüedad. Es como si hubiese una lucha entre dos sectores (conservadores y evolucionistas), que terminó (por ahora) con un “ni” o un “so”.
      Para la entrada de “conciencia” dice el mismo diccionario:

            “Conciencia.

1. f. Propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta.
2. f. Conocimiento interior del bien y del mal.
3. f. Conocimiento reflexivo de las cosas.
4. f. Actividad mental a la que sólo puede tener acceso el propio sujeto.
5. f. Psicol. Acto psíquico por el que un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo.”

      Dándose luego una gran cantidad de ejemplos con sus significados.

      En el Diccionario Océano de Sinónimos y Antónimos, (España 1992) se encuentra para “conciencia” una triple conceptuación según: 1 – Conocimiento; 2 – Sujeto y 3 – Moralidad

Conciencia. SIN. Conocimiento, sabiduría, reflexión, noción, percepción, pensamiento, idea, juicio, concepción, introspección, introversión, apercepción, discernimiento, entendimiento // Sujeto, persona, alma, interior, personalidad, yo, consciencia, subconsciente, subconsciencia // Moralidad, escrúpulo, integridad, reparo, arrepentimiento, remordimiento, pesar.
*ANT. Inconsciencia, irreflexión // Instinto // Insensibilidad”

      El Diccionario VOX en su área de Sinónimos y Antónimos parece tener en cuenta ya el aspecto técnico específico que veremos a continuación. Dice este diccionario en la entrada para “consciencia”:

1. f. Consciencia. Consciencia se refiere generalmente al saber de sí mismo, al conocimiento que el espíritu humano tiene de su propia existencia, estados o actos.
Conciencia se aplica a lo ético, a los juicios sobre el bien y el mal de nuestras acciones. Una persona cloroformizada recobra la consciencia al cesar los efectos del anestésico. Un hombre de conciencia recta no comete actos reprobables, aconciencia loc. adv. Cuidadosamente, tomar conciencia loc. Cobrar conciencia, percatarse, darse cuenta, reparar, parar mientes.

2 – Aspecto Técnico específico

      Para el aspecto técnico específico comienzo por citar algunos textos de las obras completas (O.C.) de Sigmund Freud, padre del psicoanálisis.
      En el tomo IX de las Obras Completas de Freud (Biblioteca Nueva), aparece en su trabajo sobre “Los orígenes del psicoanálisis” (página 3585, trabajo del 15/10/1897) lo siguiente:

“... ¿Cómo explicaría el histérico Hamlet su frase: “Así la conciencia nos hace a todos cobardes”? ... Su conciencia moral no es sino su consciencia inconsciente de culpabilidad”

      De forma todavía más clara, especialmente por el comentario específico del traductor, aparece en otro trabajo de Freud del año 1919: “Lo Siniestro” (tomo VII O.C., Biblioteca Nueva, pág. 2494, publicación de 1974, traductor Luis López Ballesteros), lo siguiente:

“... fases ulteriores de la evolución del yo. En éste se desarrolla paulatinamente una instancia particular que se opone al resto del yo, que sirve a la auto observación y a la autocrítica, que cumple la función de censura psíquica, y que nuestra consciencia conoce como conciencia*”

      La nota del traductor dice:

“* Ningún pasaje mejor que éste para demostrar la necesidad de introducir el precario neologismo “consciencia”. Corresponde al alemán Bewusstsein y, con sus derivados “consciente”, “conscientizar”, “conscientizado”, se refiere a la antítesis dinámica consciente-inconsciente (sistema cs – ics). “Conciencia”, equivalente al alemán Gewissen, ha de quedar reservado para designar una de las funciones de la instancia censuradora en el superyó (concepto topográfico).”

      Lo anterior es el centro de la cuestión, la lengua alemana es más rica que la española en diversas temáticas, en este caso la psicológica.
      Los fundadores de las corrientes modernas psicológicas (Freud, Jung y otros) escribieron y desarrollaron sus nuevos conceptos en su lengua materna, el alemán.
      En la lengua española inicialmente sólo aparecía “conciencia” y por eso Ballesteros decía “la necesidad de introducir el precario neologismo “consciencia” ”. Pero la lengua es viva (aunque sus modificaciones sean lentas) y transcurrido el tiempo – me imagino las sesudas discusiones entre los viejos eruditos de la RAE, las peleas interminables entre conservadores y evolucionistas – transcurrido el tiempo, el “precario neologismo” fue aceptado como un vocablo correcto e incorporado oficialmente, aunque manteniendo el status general para “conciencia” – los conservadores habrán dicho ‘sino la gano la empardo’ y dejaron una ambigüedad abierta. Por eso en el Diccionario de la RAE del año 2001 se dice para “consciencia” lo trascripto en página 2 del presente mail, y en el Diccionario de Dudas de la RAE: “Los términos conciencia y consciencia no son intercambiables en todas sus acepciones”, aunque remarcando solamente la acepción específica de conciencia en su sentido moral y no la especificidad de consciencia en el sentido psicológico por su proveniencia del “Bewusstsein” alemán y no del “Gewissen”.

      En la práctica ¿qué ha sucedido desde mediados del siglo XX?

      Los buenos traductores (no los “tradittores”) del alemán al español han hecho la diferenciación y adoptado la forma “consciencia” para referirse a “Bewusstsein” y “conciencia” para referirse a “Gewissen”.
      Los correctores sin conocimiento de estos aspectos del cambio entre lenguas de términos específicos como el anterior, se han atenido a lo permitido gramaticalmente, confundiendo en este caso con la acepción de ‘percepción, conocimiento’ que permite el uso de ambas formas, como indica el Diccionario de Dudas de la RAE:

conciencia. 1.... En el sentido general de ‘percepción, conocimiento’, se usan ambas formas, aunque normalmente se prefiere la grafía más simple.”

      No es este sentido general el que corresponde a “Bewusstsein” y con más libertad que los de DRAE lo han expresado el Diccionario Océano de Sinónimos y Antónimos al separar no ya en dos, sino en tres acepciones:

1 – Respecto al conocimiento.
2 – Respecto al sujeto (consciencia)
3 – Respecto a la moralidad

y, sobre todo el Diccionario VOX al separar las aplicaciones de “consciencia” y “conciencia”.
      Con todo lo anterior el uso de los términos ha sido variable en los diversos textos con una tendencia creciente a esa separación antedicha.
      Poniendo un ejemplo de la Editorial del Fondo de Cultura Económica en el libro: “C.G. JUNG” de Marie Louise von Franz, leemos en la pág. 41.

      “Debido a tal ausencia de diferenciación entre consciencia e inconsciente, cuando la consciencia se convierte en “heraldo” de inspiraciones inconscientes, estas últimas se hallan impurificadas por insuficiencias y prejuicios humanos, ya que no fueron previamente integradas por la consciencia. El agua del espíritu inconsciente es como si fluyese entonces hacia la consciencia enturbiada por lo personal y “demasiado humano”

En página 43 leemos:   “...consciencia del yo”.
En pág. 47: “... consciencia yoica”

En los diversos trabajos de Freud se nota en su traducción el uso alternativo de: “conciencia” y “consciencia” (O.C. Biblioteca Nueva, Trad. Ballesteros). Veamos usos del término “consciencia”:

Tomo IX
Pág. 3299
      “... Advertimos que la consciencia es una cualidad fugaz, sólo transitoriamente adherida a un proceso psíquico.”
Pág. 3300
“Sobre el fenómeno de la consciencia podemos decir, al menos, que originariamente adhiere a la percepción.”
...
“Los principios cogitativos y los que en el ello puedan corresponderles son de por sí inconscientes y sólo logran acceso en la consciencia, a través de la función del lenguaje”.
Pág. 3379
      “De lo que hemos dado en llamar nuestro psiquismo (o vida mental) son dos las cosas que conocemos: por un lado, su órgano somático y teatro de acción, el encéfalo (o sistema nervioso”; por el otro, nuestros actos de consciencia, que se nos dan en forma inmediata y cuya intuición no podría tornarse más directa mediante ninguna descripción.”
Pág. 3380
      “... localización exacta de nuestros procesos de consciencia...”
Pág. 3387
      “El punto de partida de dicho estudio está dado por el singular fenómeno de la consciencia, un hecho refractario a toda explicación y descripción.
      No obstante cuando alguien se refiere a la consciencia, sabemos al punto por propia experiencia lo que con ello se quiere significar.”
Pág. 3552 (“Orígenes del Psicoanálisis”, trabajo del 6/12/1896)
      “En efecto: la consciencia y la memoria se excluyen mutuamente.”

Con relación a lo expresado en el Diccionario de Dudas de la RAE en la entrada de “conciencia” punto 2:
      “Conciencia. ...

2. El adjetivo correspondiente, en todos los casos, es consciente, y su antónimo, inconsciente. No son correctas las formas *conciente ni *inconciente.”

Podemos observar la referencia específica a lo adjetival o sea a la cualidad.
La apertura del concepto de lo inconsciente en psicoanálisis separándose de lo adjetival cualificativo fue propuesta por Freud ya en el año 1912, en su trabajo: “Algunas observaciones sobre el concepto de lo inconsciente en el psicoanálisis”, en dicho trabajo decía:

“Lo inconsciente nos pareció al principio tan sólo un enigmático carácter de un determinado proceso psíquico. Ahora significa ya algo más para nosotros, pues constituye un signo de que tal proceso participa de la naturaleza de una determinada categoría psíquica que nos es conocida por otros rasgos característicos de mayor importancia, y de que pertenece a un sistema de actividad psíquica digno de toda nuestra atención. El valor de lo inconsciente como elemento indicador sobrepasa extraordinariamente su importancia como cualidad. Al sistema que se nos muestra caracterizado por el hecho de ser inconscientes todos y cada uno de los procesos que lo constituyen, lo designamos con el nombre de “lo inconsciente”, a falta de otro término mejor y menos equívoco. Como fórmula de este sistema emplearemos la abreviatura Inc.
Este es el tercero y más importante sentido que ha adquirido en psicoanálisis la expresión “inconsciente”.”

Por otra parte, trayendo un ejemplo aparecido estos días en el diario “La Nación” (lunes 29 de julio de 2002), en un artículo donde se trascriben unas líneas del libro “Historia de una pasión argentina” de Eduardo Mallea, podemos leer:

      “...Hay que poner el grito en el alma porque estamos ante la comprobación de una certidumbre y es que nuestra consciencia permanece inmatura y de que corremos el riesgo, no ya de seguir siendo, sino de ser cada vez más hombres prematuros”.

 

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Raśl Jurovietzky
Ingeniero
E-Mail: rauljuro@saiching.org

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Cómo enfrentar el problema de una respuesta del I Ching con muchas líneas móviles
(4º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Elementos de Álgebra Booleana aplicables a las estructuras del I Ching
(1º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Elementos de Álgebra Booleana aplicables a las estructuras del I Ching
(2º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Hexagrama N° 27, I "La Boca, La Alimentación"
Por la Licenciada Yolanda Ohanna
Reflexiones sobre el Tiempo y el I Ching
Por la Docente Rosa Shapira
Hexagrama N° 48, Ching "El Pozo de Agua"
Por la Licenciada Yolanda Ohanna
Hexagrama N° 50, Ting "El Caldero"
Por la Licenciada Yolanda Ohanna
Polaridades, Anillos y Territorios en el I Ching
(parte 2 de 3)
Por el Licenciado Miguel Weil
Elementos de Álgebra Booleana aplicables a las estructuras del I Ching
(3º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Hexagrama N° 49, Ko "La Revolución"
Por la Licenciada Yolanda Ohanna
Elementos de Álgebra Booleana aplicables a las estructuras del I Ching
(4º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Elementos de Álgebra Booleana aplicables a las estructuras del I Ching
(5º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Algunasreflexiones sobre el tema del destino en la poesía de Borges dedicada al IChing
(1º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Hexagrama N· 63, Chi Chi, “La Conclusión”
Por la Licenciada Yolanda Ohanna
Hexagrama N· 64, Wei Chi, “Inconcluso”
Por la Licenciada Yolanda Ohanna
Algunas reflexiones sobre el Hexagrama 43 (El Desbordamiento, La Resolución)
Por la Docente Rosa Shapira
Algunasreflexiones sobre el tema del destino en la poesía de Borges dedicada al IChing
(2º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Hexagrama Nº 1, Ch’ien, El Cielo,  “Lo Creativo”
Por la Licenciada Yolanda Ohanna
Más allá del oráculo
(o conversando con el I Ching)
Por Nené Montero
Yi Jing y el Budismo en elJapón de la Era Tokugawa
Por Luis E. Andrade
Elementos de Álgebra Booleana aplicables a las estructuras del I Ching
(6º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Algunasreflexiones sobre el hexagrama 5
(la espera, la alimentación)
Por la Docente Rosa Shapira
Algunasreflexiones sobre el tema del destino en la poesía de Borges dedicada al IChing
(3º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Algunasreflexiones sobre el tema del destino en la poesía de Borges dedicada al IChing
(4º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(1º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(2º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(3º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(4º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(5º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(6º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(7º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Noticia Bibliográfica
“Adivinar el Inconsciente”
Por Ezequiel Saad Tobis
Una colaboración desde España
“El I Ching es un grupo finito Abeliano e involutivo”
Por el Licenciado Javier Martínez de la Casa
Aplicación de la teoría de Grupos a la consulta oracular
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(8º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(9º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(10º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(11º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(12º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
Acerca de las secuencias de hexagramas del I Ching
(13º Parte)
Por el Ingeniero Raúl Jurovietzky
   

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